

No. 3 AÑO: 1 MES: NOVIEMBRE/2015
02. EL HOMBRE DE LAS CIEN SOMBRAS
(Segunda Parte)
FRANCISCO MUÑOZ
II. LAS SOMBRAS
-No te sorprendas niño -dijo el extraño ser.
-¿Quién... eres? -preguntó "El Príncipe" mientras subía las piernas a la cama y con ellas se empujaba hacia atrás, tomando una almohada como si fuera un escudo, y únicamente mostrando su frente y sus ojos.
-Te lo diré sólo porque tu cobarde actitud me está haciendo reír -dijo aquella figura mientras se aproximaba a la cama -me han llamado de distintas formas, muchas de ellas sólo son insultos y maldiciones; la mayor parte de los humanos ya lo ha olvidado, pero en este momento, tú me puedes decir Davanádosti.
-Davanádosti -murmuró el joven -¿En qué puedo...
-¡Calla sucio humano! -interrumpió el ser que pedía ser llamado de aquella manera -Estoy aquí porque has dicho la estupidez de que tienes más amigos que todos los Dioses juntos, pero no solo lo dijiste, sino que también lo sigues creyendo en éstos momentos.
-Pero ¿Qué tiene eso de malo?
-Tu estupidez es considerable humano -lo interrumpió aquello que no se sabía si era un Dios o un Demonio -¿A caso sabes si un Dios posee lazos de amistad con otros seres? ¡No! nunca has visto a un Dios en tu harapienta vida.
-Ahora te veo a ti.
-¿Crees que soy un Dios? -preguntó el ser de los corazones mientras reía a carcajadas.
-¿Eres un Demonio?
-No tienes idea, ni la tendrás de lo que soy, de mi naturaleza; para tu escasa imaginación, puedes considerarme como si fuera algo semejante a un Demonio.
-¿Me castigarás por algo que hice? -Preguntó Pandrah
-Niño, yo no castigo; el que será tu verdugo en la tortura de tu vida serás tú mismo.
-¿A qué te refieres? -decía aquel pobre humano mientras continuaba empujándose con las piernas con el propósito de alejarse lo más posible de Davanádosti.
-Me presentaré con una explicación de lo que soy, y de cuál es mi finalidad en este momento -decía el demonio mientras subía a la cama por la parte de la cabecera -Soy un ser creado en las mismas condiciones que un demonio, pero a mí nunca se me ha definido como tal; poseo características de un Dios debido a que mi creación fue consecuencia de los sentimientos humanos, tanto nobles como perjudiciales; cada uno de los corazones que tengo, ha sido arrebatado de los cuerpos de aquellas personas que han creído ser Dioses cuando ni siquiera de sucios mortales han trascendido.
-¿Los matas...
-No interrumpas mortal, ya que yo nunca me he manchado ninguna de mis manos con la sangre de seres tan insignificantes como los humanos; pero regresando a mi cometido, he sido enviado para estar presente en el momento exacto en que rechaces tu vida, y yo cumpla tu solicitud.
-Yo no quiero morir.
-No se trata de morir, ya deberías conocer que la muerte es sólo un mito humano, ya que aún existe algo más allá de lo que ustedes definen como vida; pero cuando estés listo podremos comenzar.
-¿Comenzar qué?
-Vamos que si eres idiota, comenzar tu camino; un camino que tendrás que recorrer solo, sin ninguna compañía, pero para ello, no puedes caminar entre los tuyos; para eso yo te daré una solución muy divertida.
-¿Qué me darás?
-Oye, ¿Nunca te has preguntado qué es lo que dice la gente cuando tú no estás frente a ellos?
-No, jamás me lo había preguntado -respondió Pandrah -pero estoy seguro que siempre hablan de mí.
-Eso lo puedes jurar; ¿Piensas que hablan cosas halagadoras o desgarradoras?
-...halagadoras me imagino, todos me quieren.
-Si estuvieras seguro de tu respuesta, no la imaginarias, la sabrías; eso sería parte de tu conocimiento.
-¿Tú no lo sabes?
-A mi no me importa lo que se diga de ti, pero en esta ocasión estoy aquí para observar tu rostro cuando te enteres de lo que dicen de ti.
-¿Cómo podría hacer eso? -preguntó Pandrah, pero esta vez en su voz se podía escuchar un tono diferente, como si le estuviese agradando la propuesta de Davanádosti -¿Cómo podría espiarlos sin que se den cuenta?
-Lo que estás a punto de hacer no es espiar, es sólo escuchar sin permiso; escucha con atención de lo que harás, y de cómo lo harás.
-Sí.
-Podrás escuchar a cualquier persona del mundo por conducto de su sombra.
-¿De su sombra?
-Exacto -contestaba el demonio mientras abrazaba con uno de sus brazos del lado derecho al "Principe" -Después de nuestra plática, no podrás caminar en el mundo de los vivos por medio de tus piernas, ya que al tocar con ambos pies la tierra, perderás la habilidad que estoy a punto de prestarte, y recuerda que romper mis reglas te traerá la muerte.
-Tú dime todo lo que tengo que hacer -decía Pandrah con un tono de entusiasmo en su voz, al mismo tiempo que retiraba la almohada que tenía frente a su cara, al lanzarla de la emoción que en ese momento sentía.
-Podrás posesionarte de las sombra de cualquier ser vivo, tendrás la habilidad de ser la sombra de cualquiera, y pasar de una a otra sin que su portador original se dé cuenta; y cuando estés en la sombra de la persona que esté hablando en aquel momento, o que se encuentre cerca de quien habla, simplemente te quedarás allí, ya que todo tiene un límite.
-¿Cuál es mi límite, Davanádosti?
-Como tu estupidez mortal me ha hecho reír unas cuantas veces... te daré la oportunidad de posesionarte únicamente de cien sombras.
-¿Cien sombras? -Preguntaba Pandrah sorprendido, tanto que al momento de escuchar la palabra "cien" dio un salto de la cama, y cayó de ésta -Son muchas, hasta podrían sobrarme.
-No estés tan seguro, puede ser la ocasión en que puedan faltarte; por eso lleva la cuenta de cuantas sombras te restan, ya que la número cien será un regalo de muerte -decía el demonio mientras aplicaba énfasis en la última palabra de su actual oración.
-¿A qué lugares debo ir?
-De eso no te preocupes, yo te llevaré por conducto de mis siete corazones; por lo tanto visitarás siete lugares muy importantes para ti.
-¿Cómo lo harás?
-Yo te insertaré en el pecho uno de los corazones que actualmente porto conmigo.
-Insertarlos en el pecho... -murmuraba "El Príncipe" mientras su expresión facial cambiaba.
-No pongas cara triste, no te dolerá; lo único que te va a pasar será que cierres lo ojos sin tener la voluntad de hacerlo, y cuando los abras, ya estarás en el lugar indicado.
-¿Cómo sabré que el tiempo en dicho lugar ya va a terminar?
-Tampoco sientas preocupación alguna de eso; concéntrate en la conversación, ya cuando llegue el momento de irse, yo personalmente sacaré el corazón a través de tu espalda, pero de igual manera no te dolerá en lo absoluto.
-Está bien, es momento de comenzar.
-Niño tonto -decía Davanádosti mientras se alejaba de Pandrah, y adoptaba una posición como si fuese a lanzar algo -Aquí yo soy quien dice cuando empezamos.
El demonio lanzó con todas sus fuerzas el primer corazón, éste llevaba tanta que al momento de impactarse con el pecho de Pandrah, lo sacó de la habitación; la velocidad se incrementaba rápidamente, y únicamente con sus ojos humanos podía ver como los edificios, las calles y las personas pasaban ante ellos con una rapidez que nunca había presenciado; por algunos momentos pensaba que estaba volando, pero extrañamente lo hacía de espaldas. Después de unos segundos por fin se detuvo, pero quedó con el cuerpo flotando sobre la calle que daba frente al gran edificio en donde se llevaría a cabo la fiesta a la cual había sido invitado con anterioridad.
Lo que estaba pasando, de una u otra forma, le parecía divertido; podía volar, decir lo que quisiera sin ser escuchado ni siquiera oído, no podía ser visto ni mucho menos observado por ningún ser vivo. Sólo tenía un ligero problema, tenía la habilidad de flotar, pero no podía desplazarse rápidamente en el lugar donde se encontraba; en ese momento recordó que podía viajar mediante las sombras de los demás, el único problema es que Davanádosti no le explicó cómo hacerlo, y como niño desesperado ante un nuevo juguete que no sabe cómo usar, comenzó a desesperarse; quería saber que se decía de él, pero no podía llegar; se le ocurrió que sería buena idea tomar impulso y lanzar el cuerpo hacia la sombra más cercana, y posiblemente éste era el secreto de cómo utilizar la habilidad que le había sido conferida; así que situó ambos brazos de tras de su espalda, y al mismo tiempo colocaba sus piernas delante de él; cuando iba pasando por delante una señora cuya sombra era grande, Pandrah se lanzó hacia ella, y como lo había pensado, todo funcionó; ahora estaba siendo transportado por la primera de las cien sombras que tenía por límite. En toda esta maravillosa proeza, existía un problema; Pandrah sólo podía ser transportado en el mundo humano por medio de la sombras de los seres vivos, pero no podía obligar a sus dueños a ir por el camino que él deseaba; por lo tanto debía pasar de sombra en sombra según la dirección en la cual quisiera ser transportado. Así fue, la señora se dirigía por la avenida principal hacia la derecha, pero se estaba alejando de la puerta; nadie se dirigía a donde "El Príncipe" quería ir, pero en ese momento, un perro callejero corría con dirección a la puerta que cubría la entrada del recinto de la fiesta.
-Davanádosti dijo "ser vivo", nunca se refirió únicamente a las personas -Y con ello se lanzó apresurado a la sombra del perro, la cual lo estaba transportando satisfactoriamente.
De un momento a otro, el perro que lo llevaba, se distrajo con un gato que comenzó a perseguir, y en lugar de dirigirse a la puerta, ahora se dirigía al parque de junto; Pandrah estaba desesperado, y lo primero que se le ocurrió fue posesionarse de la sombra de un ciclista que pasó cerca del perro casi atropellándolo; ya estaba sano y salvo con la sombra de dicha persona, de repente vio que un joven bien vestido estaba entrando al edificio, y desde luego que Pandrah tomó posesión de su sombra y sólo así pudo entrar al edificio, pero había un problema más, ¿Cómo subir a la azotea en donde era celebrada la fiesta?
El joven cuya sombra estaba invadida, caminaba hacia la recepción para que se le pudiera otorgar el permiso de subir por el elevador del edificio; "El Príncipe" ya estaba desesperado de tan larga espera, así que una vez tomado el impulso necesario, se lanzó hacia la siguiente sombra; el dueño de la sombra era un muchacho que vivía en dicho edificio, y por lo tanto tenía que usar el elevador para llegar a su hogar; pero da la casualidad de que antes de llegar a la azotea, el joven bajó del elevador, dejando al "viajero de las sombras" confundido y con un sentimiento de impotencia; ya estaba por entrar al extraño hogar, cuando a lo lejos vio a un señor de traje que se disponía a usar el elevador, pero al solicitarlo, había presionado el botón de la dirección superior, y por lo tanto el último nivel que quedaba en la parte de arriba era la azotea, aquel señor era su salvación, por el momento.
El señor había utilizado el elevador para ir a la fiesta, pero no para divertirse, sino para que disculparán a su jefe que no podía asistir debido a una operación a que sería sometido, pero de cualquier forma Pandrah ya estaba en la azotea, y se disponía a escuchar lo que nadie escuchaba en su ausencia. Cuando la gente se acumuló en un solo punto, pudo distinguir entre todos a un amigo, del cual se posesionó de su sombra para poder ser conducido a el pequeño grupo de sus amistades escolares; cuando dicho amigo por fin se detuvo, lo hizo frente a cinco jóvenes que compartían su edad, ya que todos eran compañeros de la misma generación a la cual pertenecía Pandrah; se conformó un pequeño círculo y comenzaron a charlar.
Los seis amigos reunidos en aquel pequeño círculo social, respondían cada uno de ellos a los siguientes nombres, y características: El mayor de ellos se llamaba Ek; el más pequeño era Do; quien tenía una cicatriz en la cara por un accidente en la infancia era Tin; los ojos más grandes y saltones eran seña distintiva de Kar; los ojos amarillos eran únicos de Panek; mientras que Shac tenía las cejas unidas por vello haciéndola parecer una sola.
-Aún no ha llegado Pandrah -decía Panek.
-No, por eso aún esto es una fiesta -comentaba Ek mientras reía.
-Vamos, Pandrah no es tan molesto.
En ese momento los seis amigos comenzaron a reír a carcajadas mirándose los unos a los otros.
-Claro que no es molesto -aclaraba Tin -es peor que molesto, es odiable.
-Sí, siempre con sus comentarios idiotas sobre mi ceja -decía Shac -como si él no tuviera defectos visibles como su nariz de bruja.
-No te enfurezcas Shac, que te será más difícil fingir cuando llegue -intervenía en la conversación Kar mientras tomaba por los hombros a Shac.
-Oye, siempre que dice algo de divisiones, termina diciendo "esta tan separado como la cara de Tin", siempre burlándose de mi cicatriz.
-Si no fuera porque mi padre trabaja para el suyo, y tengo la orden de no ofender a Pandrah para que mi papá conserve su trabajo, estoy seguro que ya le habría partido la cara de un solo golpe -murmuraba Ek mientras se tronaba los dedos de las manos en señal de enojo.
-Yo también estoy cansado de que cada vez que este platicando algo, se recargue en mi cabeza en burla de mi estatura; pero al igual que varios, estoy atado de manos por el trabajo de mis padres -decía Do mientras miraba hacia el piso -porque mínimo ya le hubiera dado un golpe en la entrepierna, que al fin y al cabo me queda a la altura.
-¿Tú por qué lo tratas bien Panek? -preguntaba Tin.
-¿Yo? -respondía Panek formulando una pregunta como respuesta -lo hago porque mi padre me abofeteó la última vez que me quejé de él, y tenía planes de golpearlo por haberse burlado de una anciana que no podía cruzar la calle por su avanzada edad; esa vez yo iba a ayudarla, pero un carro nos manchó con el lodo que se acumuló en la calle cuando nos salpicó; Pandrah reía como loco.
-Tú fácilmente puedes vencerlo Panek -decía Shac -te has entrenado para la defensa personal.
-Es cierto, Shac -respondía Panek -pero un rasguño al estúpido y no solo mi persona, sino que también mi padre respondería por consecuencia a mis actos, y a diferencia de Pandrah, yo si pienso en que las demás personas no deben sufrir por niñerías mías.
-Espero que no llegue a la fiesta -interrumpía Tin -ojalá un auto haya terminado con su desgracia.
-¿Cómo dices eso, Tin? -preguntaba con un tono sorprendido Do -¿Qué culpa tiene el auto de arrollar tan inservible cosa?
Todos, sin excepción, comenzaron a reír a carcajadas sin parar; sus bocas se abrían a tal grado que Pandrah desde la sombras tenía el consuelo de que a alguno de ellos se le zafara la quijada de un momento a otro, en venganza de lo que habían dicho de él; que para ser sincero, lo había herido notoriamente en su gran ego. "El Príncipe" ahora pasaba entre las sombras de sus "amigos", pero cuando no soportó otro más de los comentarios que poseían verdad, verdad que lo quemaba en el pecho como una flecha ardiendo en épocas de guerra, como un acero ardiente encajado que poco a poco se iba adentrando más; decidió salir a la primera sombra que encontró, la cual pertenecía a uno de los camareros que servia bocadillos en la fiesta; poco más de un minuto, el camarero llegó frente al anfitrión de la fiesta, el padre de Panek.
-Panek, ven aquí por favor.
-Si padre, ya voy -contestaba Panek ante la orden de su padre.
-¿Por qué no llega el idiota y su familia?
-¿Yo que sé padre? -preguntaba Panek en tono sarcástico, mientras levantaba los hombros en señal de incertidumbre.
-No se te haya olvidado invitarlo.
-Padre, te juro por los Dioses que le di la invitación personalmente.
-¿Le dijiste que trajera consigo a sus padres?
-Sí padre, lo que me ordenaste lo he cumplido al pie de la letra; a pesar de que no estoy de acuerdo de que te humilles trayendo a personas tan miserables como esas...
-Calla, que si alguien se entera de cómo les hablas, podrían decirles, y sabes que mi trabajo pende de la opinión de mi jefe.
-Padre, así tú fueras un simple campesino, mi madre y yo te amaríamos; te lo hemos dicho muchas veces, tu dignidad está cayendo cada vez más, podrás ser muy rico, pero se dice que de gusano de corredor no pasas...
-¡No me hables de tal forma muchacho idiota! -gritaba el Padre de Panek mientras que de una bofetada lo mandaba al piso.
Panek se levantó sangrando, puesto que ahora poseía una cicatriz en la mejilla derecha debido a que había recibido el golpe con el anillo de su padre, el cual rasgó su piel, dejando una huella que podría sanar físicamente, pero espiritualmente siempre estaría presente en el recuerdo de todo el que lo haya presenciado.
Pandrah estaba tan sorprendido como todos en la fiesta, pero él había observado todo directamente desde el piso, desde las sombras; de repente, sintió que una mano entraba por su espalda, pero a diferencia de lo que se podría creer, no se sentía dolor alguno; ésta mano le pertenecía al Demonio Davanádosti, que había recogido el primer corazón, y con ello había llevado a Pandrah de nuevo a su cuarto, lejos de la fiesta.
El Demonio ahora estaba recostado en la cama, esperándolo; pero cuando el viajero de las sombras se reincorporó, empezó a hablar.
-¿Viste eso?
-No, solo tú lo puedes ver.
-Todo es raro, y algo triste.
-No es momento de entristecerse aún humano -comentaba Davanádosti -Para que te alegres un poco te daré un regalo más.
-¿Qué clase de regalo? -Preguntaba Pandrah -¿Más sombras?
-No tonto, solo tienes cien, menos las que ya has gastado; cuídalas bien, el regalo que te tengo es que ahora no sólo puedas escuchar las palabras que las personas exteriorizan, sino que también podrás escuchar las palabras que se quedan en los pensamientos de aquellos que cuya sombra te sirve de transporte.
-¿Por qué?
-Fue doloroso ¿cierto?
-Sí, y solo eran palabras...
-Y lo que no se atrevían a decir -lo interrumpía el demonio -Mínimo la palabra muerto rondaba quince veces en las mentes de quienes te sirvieron de transporte.
-Pensé que no habías visto nada.
-No, sólo lo escuché.
