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PEDRO Y LOS OLVIDADOS

POR: Irving Sandoval Castillo

 

Esta es la historia de un joven llamado pedro. Él vivía en un lugar llamado “olvido”

Desde su niñez, pedro era muy callado, le gustaba observar y escuchar todo, a veces tenía ganas de opinar, pero rara la vez lo hacía.

 

No era tímido, porque su abuelo le ha enseñado a defenderse cuando es necesario.

Pedro vivió gran parte de su vida en su pueblo natal. Un pueblo muy alejado del resplandor de la “civilización” Y los ojos de la “justicia”. Aquel pueblo era conocido por los foráneos por ser un lugar donde solo se engendraba delincuentes; sus mujeres eran las más finas para el robo de carteras, los hombres eran los fieles custodios de estás y quienes vendían las cosas; secuestros e infinidades de delitos se ven a diario casi siempre provenientes de este espacio.

 

Pedro siempre tuvo esa opción, solo bastaba seguir la corriente, mantenerse con esas amistades y aceptar su destino; otro más es las estadísticas y otro más desaparecido de los informes oficiales.

Por alguna razón, gente foránea mantenía ese sistema de comercio. Si la monotonía estuviera sometida a concurso, Olvido se lleva el primer lugar: Yo compro, me roban, yo les compro, ellos me roban, la policía duerme.

 

En el área capitalina (copia barata de ciudades realmente comerciales con pluripolios, claro ejemplo de la dicotomía social), la gente realmente desconoce de estos sitios alrededor del país, porque no solo es el pueblo olvido, en la ciudad también existen estos nidos de riesgo, de riesgo, dicen, para la sociedad misma; los “delincuentes” no son sociedad, no se reivindican.

 

Se dice que cuando una persona despistada paso por aquellos lejanos territorios, realmente no se lleva una buena experiencia y si tiene suerte, sale de ahí sin extorsiones, ya sea de la autoridad o de la misma población. Pero sin duda salir vivo de ahí ya es “milagro” por sí mismo.

Cuando una persona logra salir de estos lugares hacia la prometida tierra de las “oportunidades” la gente mira con curiosidad ajena, y olas de emociones encontradas pasan en un solo segundo; nada rápido, si lo comparamos a la velocidad en que estas personas capitalinas, y otras no tanto, etiquetan a aquellas personas.

 

Pedro, realmente anhelaba salir de ahí, toda su niñez vio en la televisión el modo de vida de los ricos y pobres de la ciudad, estaba seguro que eso se veía mejor que la casa en donde vivía.

Sin embargo no es que Pedro se sintiera incomodo de donde vivía, de hecho más tarde lo comprendió.

 

En la preparatoria, Pedro encontró un profesor comprometido con su vocación, fue lo que toda su vida espero, alguien con quien realmente podría sostener una conversación con pasiones similares y sueños compartidos, una persona que prometía apoyo en lo que él quería.

Su mentor le dijo que el conocimiento era cuestión de decisión. Pero sin duda, tenerlo es dejar de ser ingenuo y no era nada sencillo ni agradable conocer el universo real de lo social, económico y cultural;

 

  • Una: no nos dejan, dos: es muy difícil abrir los ojos y oídos es por eso que muchos no lo quieren.

De verdad que Pedro no comprendía en primera instancia lo que su profesor se refería, pues él veía que en el pueblo tenían una conexión entre sus habitantes, nunca en los años que había vivido ahí había visto mal el modo de vida, de hecho se sentía con suma integración y protegido.

 

Se puso a pensar:

 

  • Cuando alguien tenía un problema, pues se apoyaban entre todos, si alguien cometía  algo que fuera en contra de las personas se aplicaba la pena del pueblo y Vivian bajo sus propias reglas. Realmente el Derecho y sus autoridades eran algo simbólico.

 

Cuando las policías y el ejército querían entrar, toda la gente peleaba, y aunque siempre salíamos muy lastimados y muchos en la cárcel, poco tiempo después, todo volvíaa la normalidad.

 

Aquí solo existen 2 preparatorias. Por lo general terminar la secundaria ya es un logro y para la mayoría de las personas es el tope de los estudios, si queremos seguir a la universidad tenemos que ir a las que hicieron en la zona metropolitana.

 

No hay hospitales; pero si hay medicina alternativa. Para las operaciones habría que ir a los hospitales lejos, pero piden muchos documentos y tramites, y en algunas ocasiones es pagar la mitad de la operación, eso sin contar que la cita de operación tardaba meses, si se quiere sacar una cita hay que bajar desde muy temprano y por nuestro aspecto no nos quieren atender luego; tal vez eso es la razón por eso que algunos hombres y mujeres van cada mes por medicinas a las farmacias y a veces se las quitan a los camiones.


El trabajo aquí, es principalmente de oficios y del comercio, de cosas ajenas pero al final comercio. No hay profesionistas, no hay trabajos para ellos.

 

El mentor de Pedro le recomendó, (por su inquietud de comprender su contexto y saber por qué eran tan discriminados a fuera), estudiar en la mejor universidad del país; él le iba a financiar toda su vida de la carrera, ya que sus padres de Pedro ni podían ni querían.  

 

Al escuchar esto el joven por supuesto que acepto, sin titubeos ni objeciones.

Pedro, vivió los siguientes diez años en la ciudad, primero con los familiares de su profesor, luego en un cuarto que el rentaba con el dinero que le daban por trabajar.

 

Decidir que iba a estudiar fue una travesía, a el le gustaba mucho el arte pero la primera vez que hizo el examen no fue aceptado. Por lo que  los primeros años estudió filosofía, la misma carrera se encargó de re direccionar su destino, ya que con forme fue pasando el transcurso de sus materias y como veía las bolsas de trabajo, no era buena idea seguir más ahí.  Así fue como decidió estudiar y acabar administración de empresas.

 

Entonces el Joven Pedro comprendió, a su parecer, todo lo que quería comprender.

Una vez, que concluyó sus estudios. Pedro trabajo, siempre recordando a su profesor y recompensándolo con regalos, símbolo de agradecimiento.

 

Encontró un buen empleo en la ciudad, le pagaban bien y todo su dinero lo ocupo para estudiar artes plásticas, teatro y música.

 

Siguiendo el ejemplo de su mentor, fundo una academia cercana a Olvido, para captar talentos y poderlos financiar, aunque quisiera apoyar a todos, no hay muchos que quieran apoyar esa causa sin querer sacar beneficio monetario.

 

 A su muerte donó sus obras y bienes al dominio público de Olvido.

 

Pedro encontró un campo de protección, no habría salido de ese círculo vicioso sino fuera por una persona que antes recibió ese apoyo, sin entrar a un recinto universitario en donde se imparte educación de calidad y crítica, donde pondera la humanidad antes de las cosas materiales; sino fuera por hospitales que cuando se enfermaba sabía que había que por unos cuantos miles de pesos le garantizaban su pronta recuperación.

 

 Supo distinguir que en la actualidad a todo se le llama cultura; han degrado el concepto del contenido cultural y esta puede ser un hogar protector para muchos talentos de Olvido.

Siempre quiso que el presupuesto económico se enfocara en políticas públicas que ataquen el problema de raíz y no superficialmente.

 

Hoy todo el mundo lo recuerda en Olvido y varios centros culturales abrieron después de su muerte, el principal lleva por nombre “PEDRO”.

 

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